El discurso fiscal en España ha oscilado históricamente entre las críticas a la excesiva presión tributaria y la aspiración de crear un entorno competitivo para las empresas y los profesionales globales. Sin embargo, más allá del ruido, el sistema tributario español ofrece herramientas menos conocidas pero muy eficaces para quienes deciden crear una empresa, invertir o trasladar sus actividades al país.
Contrariamente a los estereotipos, España cuenta con instrumentos de optimización fiscal bien establecidos que le permiten competir con jurisdicciones tradicionalmente más agresivas, como Irlanda o los Países Bajos. Entre ellos destacan tres pilares: el tipo reducido del 15 % en el impuesto de sociedades para las nuevas empresas, el régimen fiscal para los contribuyentes entrantes (conocido como «ley Beckham») y el régimen de sociedades de cartera de valores extranjeros (ETVE).
Un tipo del 15 % para promover la actividad económica real
Las empresas que inician su actividad económica por primera vez pueden beneficiarse de un tipo impositivo del 15 % durante el primer ejercicio fiscal con base imponible positiva y el siguiente. Este incentivo no es nuevo, pero sigue estando infrautilizado. Se aplica de forma general y no exclusiva a las startups tecnológicas, aunque ha ganado visibilidad gracias a iniciativas destinadas al emprendimiento.
En un contexto europeo en el que el tipo impositivo nominal medio del impuesto de sociedades ronda el 21-22 %, esta medida sitúa a España en una posición competitiva para atraer iniciativas empresariales reales. No se trata de grandes empresas deslocalizadas, sino de proyectos que nacen aquí, con actividad real, empleo local y compromiso a largo plazo.
La Ley Beckham: fiscalidad para atraer talento internacional
El régimen fiscal aplicable a los trabajadores que se trasladan a España, conocido como Ley Beckham desde su introducción en 2004, les permite tributar únicamente por los ingresos obtenidos en España durante seis años, aplicando un tipo fijo del 24 % hasta 600 000 euros. Aunque inicialmente estaba dirigido a deportistas profesionales, se ha ampliado a un abanico más amplio de perfiles, como ejecutivos internacionales, fundadores de startups y teletrabajadores.
Este régimen ha cobrado un nuevo impulso desde la introducción del visado para nómadas digitales en 2023, que facilita la residencia legal en España a los profesionales internacionales que trabajan a distancia para empresas extranjeras. Esta ampliación ha permitido que el régimen fiscal para extranjeros se convierta no solo en una herramienta para atraer talento empresarial, sino también en un claro incentivo para perfiles altamente cualificados en los ámbitos tecnológico, creativo y autónomo.
Los datos del primer año indican que se han presentado más de 2500 solicitudes en el marco de este nuevo régimen de inmigración, lo que confirma que España está consolidando su posición como destino competitivo no solo por su estilo de vida, sino también por su régimen fiscal inteligente y específico.
ETVE: el vehículo holding «invisible
Menos conocido fuera de los círculos de asesoría fiscal, pero fundamental para la arquitectura de los grupos empresariales internacionales, el régimen de sociedades holding de valores extranjeros (ETVE) permite a las empresas residentes en España recibir dividendos y plusvalías de sus filiales extranjeras sin tributar por ellos, siempre que se cumplan determinados requisitos de participación y transparencia.
Este régimen no es nuevo, pero ha demostrado su solidez según los estándares de la UE y la OCDE. Permite a España funcionar como un centro de coordinación de inversiones internacionales, similar a Luxemburgo o los Países Bajos, pero con ventajas añadidas: una amplia red de convenios de doble imposición, acceso a talento cualificado, estabilidad política y una calidad de vida que constituye un argumento económico en sí misma.
Un marco fiscal que compite en sus propios términos
España no compite con los mismos mecanismos que las jurisdicciones con bajos impuestos, ni lo necesita. Su atractivo fiscal reside en un enfoque técnico y específico: incentivos selectivos, con supervisión, dirigidos a la actividad económica real. No se trata de una política de bandera, sino de una herramienta eficaz para quienes la conocen y saben utilizarla.
En definitiva, existe un amplio margen para la optimización fiscal en España que se ajusta plenamente a la normativa nacional e internacional. El reto, más que crear nuevas ventajas, es dar a conocer las que ya existen, simplificar su aplicación práctica y proyectar la imagen de un país capaz de competir, con identidad propia, en la carrera mundial por el capital y el talento.
Miriem Diouri García.